Terapia Primal

Terapia Primal: Freud y el Psicoanálisis

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¿Psicoterapias analíticas o catárticas?

 

La influencia de Freud y el psicoanálisis en nuestra sociedad es evidente. Freud descubrió que las experiencias de la temprana infancia están íntimamente relacionadas con la neurosis, e insistió en que nuestros procesos internos afectan nuestro comportamiento externo.

No sólo comprendió, como nadie en su época, el vínculo entre los sentimientos reprimidos y los trastornos mentales, sino que su explicación de los sistema defensivos es una contribución revolucionaria a la psicología del siglo XX.

Sin embargo, Freud se vio obligado a estructurar una “gran mentira” para que su teoría fuera aceptada por la comunidad psiquiátrica de su tiempo.

En sus primeros estudios, Freud reconocía la importancia de la descarga emocional, pero poco después desvió este método hacia una psicoterapia más analítica y dogmática. Freud terminó concluyendo que la descripción verbal, unida al recuerdo del suceso traumático, era suficiente; y rechazó los métodos catárticos, argumentando que los resultados obtenidos eran sólo temporales.

Un poco de historia:

Aunque el uso de la catarsis o descarga emocional ha sido un elemento clave en los tratamientos de psicoterapia durante dos siglos (Breuer, Janet, Mesmer o Charcot), el rechazo de Freud a los métodos catárticos dentro del psicoanálisis, y su confianza en la libre asociación y en la curación a través de la palabra, se extendió hasta dominar por completo el psicoanálisis. Algunos de sus colegas de entonces (Reich, Ferenczi, Brown) continuaron con su confianza en los métodos catárticos, pero la catarsis ha recibido un trato de marginalidad en literatura académica desde entonces.

En los años cincuenta y sesenta, una segunda oleada de terapeutas (Perls con la terapia Gestalt, Janov con la terapia Primal, Lowen con la terapia Bioenergética, Balint, Casriel, Jackins, Broder, Lake, Swartle y otros) relanzaron el interés por los métodos catárticos, pero el interés académico ha seguido en gran medida anclado en los planteamientos de Freud.

Algunos autores creen que la frustración de Freud como neurólogo contribuyó a este rechazo de los métodos catárticos, al no poder teorizar sobre el funcionamiento de las emociones. Otros autores, como Alice Miller, piensan que se vio obligado a cambiar sus planteamientos iniciales ante el aislamiento de la comunidad de psiquiatras de su época que rechazaban sus “dramáticos” hallazgos en la infancia de sus pacientes.

De esta forma, Freud desarrolló la estructura teórica de un gran “encubrimiento”, interpretando como fantasías los relatos de abusos sexuales y otras experiencias dramáticas de sus pacientes durante la infancia, atribuyéndolos al conocido complejo de Edipo y a supuestos deseos instintivos “perversos” de los niñ@s.

Con este giro tan radical, Freud daba una supuesta legitimidad científica a la teoría pedagógica ampliamente difundida en su época que asumía que los niñ@s eran malos por naturaleza y tenían que ser “educados” por los adultos para cambiar su naturaleza.

Este sometimiento a las ideas pedagógicas de su época no sólo abrió las puertas de la estructura social establecida a las ideas revolucionarias del psicoanálisis, sino también a los aspectos más falsos de su teoría y a la manipuladora oscuridad de sus dogmas.

La teoría de los instintos no puede ser considerada un avance sino un retroceso profundo en cuanto que supone la negación sistemática de los malos tratos sufridos por los niñ@s, y en especial todo lo relacionado con los abusos sexuales.

Con posterioridad, muchos neofreudianos han desplazado aún más la importancia dada a la infancia por Freud, desarrollando teorías sobre las diversas funciones del ego. El bloqueo emocional de muchas de las personas formadas en el pensamiento psicoanalítico tiene su origen en la renuncia a la verdad del propio Freud, quien fundó una escuela que impone a sus discípulos la miopía de sus dogmas, siendo su logro más escandaloso el haber conseguido presentarlo a la sociedad como un avance científico.

Los dogmas no sólo impiden a muchos psicoanalistas ver con ojos claros y limpios los hechos, sino que también les impiden percatarse de los propios prejuicios y negligencias. La formación psicoanalítica induce a pensar que los padres son casi siempre inocentes, y desvía la atención de los malos tratos y las agresiones sexuales durante la infancia hacia fantasías atribuibles al deseo infantil.

Freud no creía verosímil que existieran tantos padres perversos, y decidió calificar como fantasías muchos de los relatos de sus pacientes. Quizás influyó de forma especial en este proceso el que uno de los pacientes, que decía haber sufrido abusos sexuales de su padre, era hijo de un influyente representante de la comunidad psiquiátrica de su tiempo.Debido a estas dogmáticas interpretaciones, no es sorprendente, que después de años de tratamiento psicoanalítico, muchos pacientes sigan ignorando la verdad de su infancia, y algunos prefieran “perder la razón” antes que seguir culpándose a si mism@s de lo que sus padres les han hecho.

Como dato indicativo de una tragedia que continua, en 1986, el historiador de psicología Lloyd de Mause estimaba que más de la mitad de las mujeres norteamericanas habían sufrido abusos sexuales durante la infancia. Freud, con su arbitraria interpretación de los deseos sexuales infantiles, enterró, tras una losa invisible, la realidad de los abusos durante la infancia, con tal eficacia, que, aún después de varias generaciones, seguimos inundados por una espesa nube de dudas y confusión que nos impide percibir con claridad nuestra realidad social, influyendo especialmente en los profesionales de la salud, la educación y la justicia (médicos, psicólogos, psiquiatras, pediatras, educadores, juristas, …).

Los dogmas freudianos son quizás una necesidad para muchos psicoanalistas, ya que todo intento de destapar la profunda y dolorosa verdad de sus pacientes podría desvelar la cruda y dolorosa verdad de su propia infancia. Muchos psicoanalistas, si fueran conscientes de los “malos tratos” sufridos durante su infancia, no necesitarían seguir negándolos y dejarían de creer a ciegas en aquellos principios del psicoanálisis que son falsos y nefastos .

Podemos ver este tipo de conducta en las creencias de los predicadores religiosos fanáticos. Necesitan “convertir” a los no creyentes para poder seguir “teniendo fe”, casi siempre a costa de negar “el profundo vacío de sus propias vidas”.

Ángel Álvarez
(Facilitador y Terapeuta Primal)
AngelPrimal@gmail.com